Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/224

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mi desdicha; él en cuya amistad confiaba yo. Armando, Armando! Mi corazon presentia que me engañabas, mi corazon sabia que eras el autor de estas líneas infames, aun antes de que supiera que existian. ¡Merecido lo tengo! Inexperto en todo, me dejé arrastrar por él, ignorando que deseaba hundirme!... Mis sienes arden, mi cabeza estalla!... Si estuviera al alcance de mi mano... Pero no! ni aun merece que le mate, porque es un miserable! ¿Vd. sabe? El lo ha hecho. ¿Por qué? Lo ignoro. Quizá para obtener el amor de Manuela!... Ah! Y ha conseguido engañarme, y hacerme beber, y luego me ha llevado nuevamente á respirar el aire que rodea á esa sociedad que ódio, y que se encenaga en los vicios!... Quizá pretendia hacerme caer en la degradacion mas completa.... Por suerte no lo consiguió ... Ah! Pero me ha perdido en el concepto de esa jóven que amo, de esa mujer que venero y adoro con todas las potencias de mi alma, de esa niña de cuyos lábios quisiera oír una palabra de amor aunque me costara la existencia, de ese ángel cuya imágen no se aparta de mí un solo momento, de esa reina por la hermosura y el corazon, á cuyo cariño aspiro, cuyo nombre me alienta cuando me siento desfallecer, y