Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/238

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por vez primera, y desde entonces siento latir violentamente mi corazon, á impulsos del cariño hácia Vd., que vive silencioso, encerrado en mi pecho, y que ha ido tomando proporciones gigantescas, desde que la contemplé tan bella hasta hoy, dia aciago, en que me dan poco á poco la muerte el fuego de su mirada y las gracias infinitas con que la natura pródiga ha adornado á Vd.

«Su juvenil belleza y las prendas deíficas de que está Vd. dotada, han hecho que mi corazon dormido despertase lleno de amor y de vida, proclamándola á Vd. el objeto de todas sus entusiastas ilusiones.

«Sé que Vd. es un ángel, y que yo, mortal indigno de tanta dicha, no puedo pretender una sola de sus miradas, que haria el encanto de mi existencia, arrancándome de las sombras en que estoy sumido, para colocarme en un lampo de luz vívida y pura.

«Oh! Si yo fuese poeta; cuántas y cuán magníficas estrofas haria, para alabar ese pié breve, solo comparable al de un niño, esa cintura de avispa, esas manos de hada, esa magnífica cabellera, negra como el ébano, esos ojos que parecen lanzar rayos