Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/265

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No lo sabríamos decir.

Lo cierto es que muchas veces las preguntas que se le hacian quedaban sin contestacion, tan distraida estaba.

Cuando llegó la hora de retirarse, y quedó Manuela sola en su habitacion, arrojóse de rodillas ante un pequeño retrato de Eugenia, colocado á la cabecera de su cama, mientras murmuraba esta frase:

— Oh! Yo lo sabia! Era imposible que no mereciera el inmenso cariño que le tengo! ¡Madre! Bendícenos á ambos desde el cielo, donde estás!

Aquella noche fué para ella una de las mas felices. Soñó con la felicidad completa, con Ernesto, con Eugenia, con su padre, con Dolores.....

Al otro dia su aspecto alegre pareció llevar á su morada, antes tan triste, cantos de pájaros y rayos de sol.