Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/291

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XXX

LA BODA

Cuando la jóven recibió esa esquela, adivinó de donde provenia. Vió que su temor acerca de las intenciones de Armando tenia fundamento, y acongojada y llena de susto relató á Gonzalez lo que pasaba. Este se rió. ¿Podia alguien, acaso, turbar su felicidad? No lo creia. En cuanto á don Miguel permaneció ignorándolo todo.

Pero, como Armando no se mostrara una sola vez, la niña se tranquilizó, olvidándose poco á poco de la amenaza, y creyéndola el fruto de un momento de furor. No conociendo á Dupont era fácil creer que no cumpliera lo tácitamente prometido. Pero se sabe que nada le importaba con tal de ver satisfechos sus deseos de venganza.

El dia señalado para el casamiento iba acercán-