Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/50

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— Me alegro.

— Te ama ella?

— No lo sé. Ya te dije que no la he confiado mi secreto, secreto que nadie conoce mas que tú y yo.

— Yo lo guardaré. Pero no te ha dado á entender por miradas, ó palabras, ó hechos que tu amor es correspondido? No has visto en ella nada que te lo haga suponer?

— No; me demuestra amistad, cariño de hermana.

— Debias haber tratado de sondar su corazon, de ver si te quiere.

— Es tan dificil!

— Nada es dificil cuando uno se pone á ello.

— Pero ¿cómo lo haré?

— Deja eso á mi cuidado.

— Cómo! tú. . .

— Si; en una de las visitas que haga á casa de Arello trataré de saber si Manuela te quiere.

— De veras!

— Te lo aseguro.

— Cuánto te lo agradezco!

— No me lo digas, pues de otro modo no te creeré.