Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/66

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— Entonces me convencí de que no te queria.

Ernesto volvió á pasearse desesperadamente.

— Puede haber finjido! exclamó deteniéndose de pronto.

— Lo crees?

— Lo espero por lo menos!

— Quizá tengas razon.

— Sí, sí! Ha finjido! No puede ser de otro modo La quiero tanto!.. Es imposible que no me ame; si así fuera, si ella no me amara, el Dios en que creo, sería injusto... y no lo es!

Ernesto estaba convencido de lo que decia. Armando buscó un medio para concluir de engañarlo.

— Una jóven de dieciseis años y capaz de engañar! ... murmuró en voz bastante alta para que el jóven le oyese. ¡Qué pobre idea de su espíritu dá ese hecho! ... ¡Oh! ¿Por qué se esconderán almas capaces de finjir en cuerpos tan hermosos? El amor noble no se oculta, el amor indigno huye las miradas de los demás ...

Gonzalez, de pié en medio de la habitacion, tenia la vista fija en Armando, cuya cabeza caía sobre el pecho, en ademan de íntima pena.

— Crees tu eso? preguntó con enerjia.