Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/85

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VIII

EL ENTIERRO

La noche pasó tristemente para don Miguel y Manuela. El padre infeliz, el esposo desdichado, quedó inmóvil y en silencio, llorando pero sin pronunciar una queja, sin que un ¡ay! se exhalase de su pecho dolorido.... La niña con el rostro sepultado en las ropas de la cama, sollozaba y en cada uno de sus sollozos iba envuelto todo un poema de ternura y desesperacion!... La madre, la compañera de la infancia, la amiga siempre noble y desinteresada, siempre amante, cariñosa siempre, acababa de emprender el vuelo .... ¡Jamas volveria á verla! ¡Jamás escucharia de nuevo su voz amada, esa voz que habia oido desde la cuna!...

En vano quería darse cuenta de ese horrible