Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/89

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido validada
— 89 —

Esa frase hirió á Manuela. Esas lágrimas, que por un esfuerzo de su voluntad habian cesado de correr por sus mejillas, emprendieron de nuevo su curso, surcando su rostro! Oh! La muerte! ¡Qué cosa tan terrible es!.... ¡Pensar que ese cuerpo querido iba á descomponerse, á podrirse! Ah!.. ..

Dolores la miro.

— Pobre nifia, dijo. ¡Es triste. pero es así!

Don Miguel escuchaba, pero estaba trastornado.

Las palabras llegaban á él como el zumbido de un centenar de abejas.

Las dos mujeres hablaban en voz baja. No hay nada que infunda mas respeto que la presencia de un cadáver. Al lado de una tumba se está junto á la puerta de la eternidad; al mirar á un cadáver nos parece ver, adivinar la eternidad misma.

El cuerpo de Eugenia fué colocado en una mesa,

con las manos cruzadas sobre el pecho, los ojos cuidadosamente cerrados, y la cabeza apoyada en un almohadon. Cuatro velas colocadas simétricamente la alumbraban con fuerza, dejando en una media luz indecisa y vaga lo restante de la habitacion.