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Página:Apéndice a la sentencia pronunciada en 11 de Mayo de 1825 por la Audiencia de Sevilla contra sesenta - bdh0000278924.pdf/132

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Cortes á tan extraña residencia se hacia para envilecer y degradar la augusta institucion, el intento no puede menos de quedar frustrado. El atentado contra las Cortes extraordinarias y las primeras constitucionales en 1814 no pudo impedir que se restableciesen seis años despues. La violencia no aniquila los derechos de las naciones. Si les interrumpe el exercicio, tambien hace que sean mas precavidas, y les inspira mas constancia y teson para defenderlas.

Al concluir esta triste y lamentable reseña, forzoso es llamar la atencion de los hombres generosos y amantes verdaderos de su patria acia dos graves consideraciones. La primera es que si la nacion, para prosperar y florecer aspira sinceramente á ser libre, es necesario que ponga termino al escandalo de ver á las Cortes que la represen ten perseguidas hoy y atropelladas otro dia. La impunidad de semejantes atentados no se justifica con acepcion de personas. Tan funesto error estaba ya demostrado con las proscripciones ocurridas en el siglo XVI, que acarrearon á la nacion tres siglos de dura servidumbre. Para exterminar á los Procuradores que mas se distinguieron en defender la libertad en las Cortes de Valladolid de 1518, y de la Coruña en 1520, no hubo que echarles en cara extraccion plebeia, siendo de las familias mas ilustres de Leon y de Castilla, no obstante que como diputados pertenecian al brazo popular reconocido por la ley y la costumbre de su tiempo. Su integridad, su firmeza y su acendrado patriotismo fueron despues de vencidos los enormes delitos que se les atribuyeron. Reproducido dos veces este exemplo en la era presente, quien sabe, quiza no será facil hallar á cada paso personas dispuestas á arrostrar patibulos, expatriaciones y pobreza en premio y galardon de defender los derechos de su patria.

La otra consideracion, aunque de naturaleza diferente, no por eso es de menos importancia. Si la nacion pretende en realidad ser independiente y conciliarse el respeto de otros estados, es indispensable que abandone la