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Página:Armonias a la defensa de Montevideo - Cipriano Talavera.pdf/19

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Desdeñaba orgullosa
Con el libre medir su féble acero,
Con aliento de muerte,
Pisaba audaz sin atencion ninguna
Por el suelo de Oriente
Clamando "esclavitud" con voz rujiente:
Tal como el huracan, cuando tremendo
Con silbo aterrador lanza ferviente
Por el blando verjel su soplo airado;
Y al pasar inclemente,
Cual eléctrico rayo,
Quiebra de la azucena el tierno tallo;
Y el pebetero níspero y la palma
Que al aura mece su ramaje inquieta,
Y la rosa de Mayo,
La tímida violeta,
La enredadera espesa,
Son del jigante de los vientos presa;
Así la muchedumbre embravecida
Tala, tala, cruelmente
Las colinas bellísimas de Oriente
Sin que el gemido de la vírgen casta,
Ni la severa lágrima
Del decrépito anciano que la vierte,
Basten para calmar su sed de muerte:
En vano es implorar, en vano el llanto;
Cuando la esclavitud sus grillos ata,
Sus pesadas argollas,
Ahogan la compasion, siembran espanto.
Y como no ha de ser!! si el lazo de oro
Que unen los cielos con el hombre libre,
La virtud, el decoro,
Y la dulce clemencia y la blandura
Al desvalido hermano