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Página:Armonias a la defensa de Montevideo - Cipriano Talavera.pdf/28

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El acerbo rencor, el ódio insano
Que el esclavo feroz pérfido abriga;
La sangre derramada,
Que por mas que corriera
Jamas el libre la miró vengada;
Todo aumenta el furor: y en vano, en vano,
La tierna compasion, la vida amada,
Asoma al corazon del combatiente;
Ya no mira al hermano,
Piensa en su libertad, mira al tirano.
En tanto el libre vacilantes muros
Elevaba solícito entre el humo
De la feroz metralla;
Que ni fueran baluartes, ni murallas
Pero que pechos duros,
Sus débiles cimientos sostenian;
Pechos, cuyos titánicos alientos
Cuando las balas férvidas la abrian,
En anchos boquerones,
Con vivas á la Patria respondian;
Pechos, que cuando el humo del combate
Disipábase un tanto, y por la esfera,
De arjentino color, cenefas bellas
Dibujaba do quier; firmes se halláran:
Y robustos y firmes se mostraran,
Aunque con rudo embate
Todo el poder del déspota embistiera;
Y aunque carros, caballos y cañones
Preñados de metralla, acometieran
Sobre tan débil muro;
Que cuando el libre se levanta ufano,
Amenazas, morir, todo es en vano.
Caian atravesados por el plomo,
Como caen en los montes perfumados