Ir al contenido

Página:Armonias a la defensa de Montevideo - Cipriano Talavera.pdf/30

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
— 28 —


XI



Y otro sol, y otro sol, y otros brillaron,
Y solícitos siempre y valerosos
A los libres del Plata iluminaron:
La muerte en tanto de continuo alerta,
Entre las huestes mueve,
Su descarnado pié, siempre sedienta;
Ora ya mata aleve
Con oculto puñal, ora cruenta
Cuanta vida alcanzó hiere con saña,
Y en su furia maldita,
En la honda eternidad las precipita!!
Allí en la fria realidad unidos,
Alli se miran á la vez, perdidos. . . .
El adusto guerrero
Encanecido bajo el peso duro
Del morrion y la malla,
Y el ájil paladin, el jóven lindo;
Ay! para siempre, para siempre hundidos!!
Corrido el velo, impenetrable, oscuro,
De la terrible duda!
¡Oh! no la interroguemos, no, que es muda!!
No desatentos, su solemne calma
Queramos profanar,
Lloremos sí, la ingratitud de hermanos!
Un hombre solo en su fatal locura,
Raices tan hondas de rencor y saña,
Furioso cimentó; y en rábia ciega
Con homicida mano,
Abrió una ancha, profunda sepultura
En la vasta estension que el Plata riega. . . .