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Y aun abierta se vé!! ¡oh Dios! ¿no basta
Para calmar tu brazo y tus enojos,
Tanta sangre vertida,
La terrible orfandad, el llanto amargo,
Que ya ni asoma á los enjutos ojos?
¿Hasta cuando, Señor, llanto tan largo?
¿Donde está tu clemencia y tu dulzura?
Donde tu poderío,
Que no lo alzas doquier con fuerte brio?
¿Hasta cuando, Señor, tanta dureza
Con los que son tu hechura?
Se agotó el manantial de tu grandeza?. . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Para calmar tu brazo y tus enojos,
Tanta sangre vertida,
La terrible orfandad, el llanto amargo,
Que ya ni asoma á los enjutos ojos?
¿Hasta cuando, Señor, llanto tan largo?
¿Donde está tu clemencia y tu dulzura?
Donde tu poderío,
Que no lo alzas doquier con fuerte brio?
¿Hasta cuando, Señor, tanta dureza
Con los que son tu hechura?
Se agotó el manantial de tu grandeza?. . . .
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XII
XII
Brilló una idea, y desde una alta frente
Como cuando los cielos se encapotan
Y el relámpago, el trueno, el rayo brotan
Con su ceño iracundo;
Y si un rayo del sol rasga la esfera
Pierde el mortal la timidez austera,
Descendió magestuosa, omnipotente
Bienhechora del mundo,
Y audaz cruzando el impetuoso oceano,
Hé ahí la libertad del Plata bello;
Una hoja sola á su corona falta
Póngasela tu mano,
Y el mundo "vivas" os dará por ello;
Ella es pura, es hermosa, y sus amores
Te llenarán de galas y de flores.
Como cuando los cielos se encapotan
Y el relámpago, el trueno, el rayo brotan
Con su ceño iracundo;
Y si un rayo del sol rasga la esfera
Pierde el mortal la timidez austera,
Descendió magestuosa, omnipotente
Bienhechora del mundo,
Y audaz cruzando el impetuoso oceano,
Hé ahí la libertad del Plata bello;
Una hoja sola á su corona falta
Póngasela tu mano,
Y el mundo "vivas" os dará por ello;
Ella es pura, es hermosa, y sus amores
Te llenarán de galas y de flores.