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Página:Armonias a la defensa de Montevideo - Cipriano Talavera.pdf/8

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Mi corazon hirviente
Ha latido cien veces á tu lado;
Y la pólvora ardiente
Cien otras y otras cien te ha perfumado.
Cuando de los tiranos
La orgullosa cerviz cayó á tus manos,
Cuando en espesa bruma
Las falanjes del déspota cruzaban
Por el suelo de Oriente,
Y su pendon clavaban,
Sobre el fríjido campo de la muerte,
Tú levantaste audaz la erguida frente,
Y en tu recinto santo,
La hermosa libertad, tendió su manto.
Ay! que de tus cañones
Ha cesado la bélica armonía;
No á espesos batallones,
Ni á la metralla ardiente,
Alumbrará jamás la luz del día,
En la tierra de Oriente.
Dad á mi mente inspiracion divina,
Como al guerrero del arnes deshecho,
De severo valor, nutriste el pecho.
Yo cantaré las merecidas glorias,
El renombre de bravo,
De este pueblo, feliz, que en sus altares,
Por no vivir esclavo,
Marchitando sus palmas y sus glorias,
Dilatando sus venas,
Impávido trozó viles cadenas:
Yo pulsaré mi lira,
Con acordado acento y plectro de oro;
La musa que me inspira,
De altísimo decoro,