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Página:Balzac - Un asunto tenebroso -Tomo II (1921).pdf/133

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marido. El fiscal hizo observar que, según sus propias confesiones, Marta se hallaba complicada en el delito; no debía ni prestar juramento ni servir de testimonio, sino ser oída en interés de la verdad.

—Además, nos basta con leer su interrogatorio ante el director del Jurado—dijo el presidente dando orden al escribano de que leyera el proceso verbal incoado por la mañana.

—Confirma usted sus declaraciones? dijo el presidente.

Michú miró a su mujer, y Marta, comprendiendo entonces su error, cayó desmayada. Puede decirse sin exageración que el desmayo de Marta produjo en el banco de los acusados y en los defensores un efecto desastroso.

—Yo no he escrito nunca a mi mujor estando en la cárcel; yo no conozco a ninguno de los empleados—dijo Michú.

Bordin le pasó los fragmentos de la carta; Michú no tuvo más que ojearlos para decir: "; Mi letra ha sido imitada!" —La negación es su último recurso—dijo el acusador público.

Con las ceremonias de rúbrica fué introducido en la sala el senador. Su entrada causó un efecto teatral. Malin, llamado por los magistrados, sim piedad alguna para los antiguos propietarios de la hermosa morada del conde de Gondreville, a invitación del presidente, miró a los acusados con gran atención durante largo rato. Reconoció que los ves-