Es cierta—respondió Fouch. Recibirá usted el correo a la hora de la Bolsa.
— Esos no hacen melindres—dijo De Marsay sonriendo y deteniéndose un momento.
—Sin embargo, cuando llegue la noticia del desastre prosiguió Fouché—no podremos organizar los clubs, reanimar el patriotismo y cambiar la Constitución. Debemos preparar nuestrode Brumario.
Dejemos hacer al ministro de la policíadijo el diplomático, y desconfiemos de Luciano.
Luciano Bonaparte era entonces ministro dei Interior.
—Yo me encargo de detenerle—dijo Fouché.
—Señores—exclamó Sieyés—, nuestro Directorio no volverá a estar sometido a cambios anárquicos. Nosotros organizaremos un poder oligárquico, un Senado vitalicio, una Cámara directiva que estará en nuestras manos, puesto que sabremos aprovechar las faltas del pasado.
—Con ese sistema estaré tranquilo—dijo el obispo.
¡Búsquenme un hombre de confianza para comunicarme con Moreau, pues el ejército de Alemania será nuestro único recurso!—exclamó Carnot, que se hallaba sumido en una profunda meditación.
—En efecto—repuso De Marsay después de una pausa, esos hombres tenían razón, señores! Han sido grandes en esta crisis, y yo hubiera hecho como ellos.