aventura, rogaron a De Marsay que la contara, y éste la refirió diciendo que los cinco desconocidos eran esbirros de la policía general del Imperio, encargados de hacer desaparecer los fardos de impresos que el conde de Gondreville había ido precisamente a quemar, creyendo que el Imperio se afirmaba.
—Yo sospecho que Fouché dijo hizo buscar al propio tiempo las pruebas de la correspondencia de Gondreville y de Luis XVIII, con quien se entendió siempre, aun durante el Terror. Pero en este espantoso asunto hubo pasión por parte del agente principal, que todavía vive, uno de esos subalternos insubstituíbles, y que se hizo notar por sus trabajos extraordinarios. Parece ser que la señorita de Cinq—Cygne le maltrató cuando él estuvo en el castillo a detener a los Simeuse. Así, pues, señora, ya conoce el secreto; ya puede usted explicárselo a la marquesa de Cinq—Cygne y nacerle comprender por qué Luis XVIII ha guar dado silencio.
París, junio 1841.
FIN DEL TOMO II UN ASUNTO TENEBROSO.—T. II.