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Página:Balzac - Un asunto tenebroso -Tomo II (1921).pdf/78

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requeridos por Lechesneau para que vengan en calidad de peritos. Durante la operación que se estaba realizando en las cuadras, el juez de paz condujo a Gothard y a Michú. La operación de quitar las herraduras a cada caballo y de señalarlas para que no se confundieran, para proceder luego a confrontarlas con las huellas que habían dejado en el parque los caballos de los autores del atentado, llevó bastante tiempo. Sin embargo, Lechesneau, prevenido de la llegada de Pigoult, dejó a los acusados en poder de los gendarmes y se fué al comedor para dictar el proceso verbal. El juez de paz le mostró el estado de las ropas de Michú, refiriendo laz circunstancias de la detención.

—Habrán matado al senador y lo habrán enterrado bajo yeso en cualquier muralla terminó diciendo Pigoult a Lechesneau.

—Ahora tengo miedo respondió el magistrado. ¿Adónde has llevado el yeso?—dijo a Gothard.

Gothard se puso a llorar.

—La justicia le espanta—dijo Michú, cuyos ojos lanzaban fuego, como los del león cazado en una redy Todos los habitantes de la casa, retenidos en la vivienda del alcalde, llegaron entonces y se agolparon en la antecámara, donde Catalina los Durieu se hallaban llorando, y les hicieron saber la importancia de sus declaraciones. A todas las preguntas del director y del juez de paz, Gothard respondió con sollozos; de tanto llorar acabó por pro-