Ir al contenido

Página:Balzac - Un asunto tenebroso -Tomo I (1921).pdf/116

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
114
 

fectamente inútiles, y el tutor hablaba a menudo de sacar partido de ella. Esta constante demolición producía cascote y piedras, que acabaron por llenar el fondo de la zanja. El agua, contenida por esta especie de calzada, no cubría la zanja más que en tiempo de grandes lluvias. Sin embargo, a pesar de los constantes desprendimientos a que todos, incluso la condesa, habían contribuído, el portillo era lo bastante abrupto para dificultar el descenso por él de un caballo, y sobre todo para hacerle subir al camino vecinal; pero parece como si en el peligro los caballos participaran del pensamiento de sus amos. Mientras la joven condesa dudaba si seguir a Marta y le pedía explicaciones, Michú, desde lo alto del montículo, había seguido las evoluciones de los gendarmes y comprendido el plan de los espías. Al no ver venir a nadie, desesperaba del éxito. Un piquete de gendarmes seguía a lo largo de la tapia del parque, espaciándose como si fueran centinelas y dejando entre cada hombre la distancia suficiente para que la mirada y la voz pudiera ser percibida por ellos, para escuchar y vigilar el más ligero ruido y la cosa más pequeña. Michú, estirado en tierra y con el oído pegado al suelo, contaba como los indios, guiado por el sonido, el tiempo.

He llegado demasiado tarde!—se decía a sí mismo. ¡Violette me las pagará! ¡Ha tardado mucho en emborracharse! ¿Qué hacer?