Ir al contenido

Página:Balzac - Un asunto tenebroso -Tomo I (1921).pdf/117

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
115
 

Michú oía bajar de la selva al piquete por el camino y pasar por delante de la verja, e ir, por una maniobra parecida a la del piquete que venía por el camino vecinal, al encuentro del primero.

— Cinco minutos todavía!—se dijo.

En aquel momento llegó la condesa; Michú la cogió con mano vigorosa y la llevó al camino escondido.

—¡Vaya usted derechamente delante de nosotros! Llévala—dijo a su mujer, a donde está mi caballo, y piensa que los gendarmes tienen oídos.

Viendo a Catalina traer el látigo, los guantes y el sombrero, y sobre todo viendo la yegua y a Gothard, aquel hombre de rápidas decisiones en el peligro, resolvió engañar a los gendarmes con el mismo éxito que acababa de engañar a Viotette. Gothard había obligado a la yegua, por arte de magia, a escalar la zanja.

—Trapos en las patas del caballo ?... ¡Dame un abrazo!—dijo el intendente, estrechando a Gothard en sus brazos.

Michu dejó a la yegua cerca de su dueña y tomó los guantes, el sombrero y el látigo.

—Tienes talento, y vas a comprender lo que voy a decirte repuso. Obliga a tu caballo a subir también al camino, móntale a pelo, procura hacerte seguir por los gendarmes, escapando a todo correr a campo traviesa; te diriges hacia la granja y procuras reunirlos en grupo—añadió