Ir al contenido

Página:Balzac - Un asunto tenebroso -Tomo I (1921).pdf/157

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
155
 

que sus hijos estuvieran bajo nuestro techo sin usted saberlo?—respondió Lorenza.

—Durieu—dijo ella, vea usted si es posible salvar a mi pohre Stella, que respira aún.

—Ha andado mucho dijo Corentin.

—Quince leguas en tres horas—respondió ella al cura, que la contemplaba asombrado—. Ha salido a las nueve y media y ha vuelto pasado una hora larga.

Miró al reloj, que marcaba las dos y media.

— De modo—repuso Corentin que no niega usted haber hecho una carrera de quince leguas?

—No dijo ella. Confieso que mis primos, los señores de Simeuse, cuya inocencia es absoluta, contando no ser excluídos de la amnistía, volvían a Cinq—Cygne. Y cuando yo he visto que el señor Malin quería envolverlos en una traición, he ido a prevenirles para que retornaran a Alemania, donde se encontrarán antes que el telégrafo de Troyes haya avisado su paso por la frontera. Si he cometido un crimen, se me castigará.

Tal respuesta, profundamente meditada por Lorenza, y probable en todas sus partes, debilitó las convicciones de Corentin, a quien la joven condesa observaba a hurtadillas. En este instante decisivo, cuando en cierto modo todos los ánimos se hallaban suspensos de aquellas dos caras; cuando todas las miradas iban de Corentin a Lorenza y de Lorenza a Corentin, el ruido de un caballo que venía al galope de la selva resonó en el cés-