No hemos comido juntos en un mismo plato dijo el administrador.
—No; pero hemos presidido jacobinos, ciudadano—replicó el viejo cínico—. Tú en Arcis, y yo en otra parte. Tú conservas la cortesía de la carmañola, amigo mío.
El parque me parece muy grande; se puede uno perder en él; puesto que usted es el administrador, llévenos al castillo—dijo Corentin en tono perentorio.
Michú silbó, llamando a su hijo, y continuó descargando la carabina. Corentin contempló a Marta con indiferencia; en cambio, su compañero parecía encantado de ella, observando las huellas de una angustia que pasaba desapercibida al viejo jacobino, al cual la carabina había puesto de mal talante. Los dos hombres, de carácter opuesto, cstaban pendientes de una cosa tan pequeña como Marta, y, sin embargo, tan grande.
—Tengo una cita más allá del bosque—dijo el administrador, y no puedo servirles; pero mi hijo les llevará hasta el castillo. ¿Por dónde han venido ustedes a Gondreville? ¿Por el camino de Cinq—Cygne?
—Nosotros tenemos, como usted, algo que hacer en el bosque dijo Corentin sin que en sus palabras hubiera aparentemente ironía.
— Francisco!—dijo Michú, conduce a estos señores al castillo, por el sendero, para que no los vean pasar, ya que tienen costumbre de tomar los caminos de atajo. Ven aquí antes—añadió