de patas cortas y bajas, la manera de montar y el vientre abultado, el cuerpo echado hacia atrás, la mano grande, agrietada y terrosa, que sostenía una mala rienda carcomida y estropeada, todo denotaba al campesino avaro y ambicioso que quiere apoderarse de la tierra y comprarla a cualquier precio. Ia boca, de labios amoratados, partida como si un cirujano la hubiera abierto con el bisturi; las innumerables arrugas de la cara y de la frente, dificultaban la movilidad de las facciones, en las cuales sólo los contornos tenían expresión. Las líneas dunas y fijas parecían expresar como una amenaza, pese a su aire humilde, peculiar en los campesinos, que ocultan sus emociones y sus cálculos, como los orientales y los salvajes envuelven los suyds bajo una imperturbable gravedad. De simple jornalero llegó a colono de Grouage, valiéndose de un sistema de maldad progresiva, al cual continuaba rindiendo culto, a pesar de haber satisfecho sus primeras ambiciones. Quería el mal del prójimo y lo deseaba ardientemente. Cuando podía contribuir a hacerlo, se entregaba a esta tarea con amor.
Violette era francamente envidioso; pero en todas sus maldades permanecía en los límites de la legalidad, lo mismo que ocurre en la oposición parlamentaria. Creía que su suerte dependía de la desgracia ajena, y aquel que se encontraba por encima de él, era un enemigo contra el cual todos los medios eran lícitos. Tal carácter es muy común entre los campesinos. El gran negocio de