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Página:Balzac - Un asunto tenebroso -Tomo I (1921).pdf/44

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consigo misma, gritó: "Abajo los Cinq—Cygne!" No concebía que los Cinq—Cygne fuesen inocentes de los crímenes de los Simeuse. El digno y valeroso marqués de Simeuse, para salvar a sus dos hijos, que contaban diez y ocho años de edad, a los que su valor podía comprometer, los confió pocos momentos antes de la catástrofe a su tía, la condesa de Cinq—Cygne. Dos criados afectos a la casa de Simeuse escondieron a los jóvenes. El anciano no quería ver extinguirse su nombre, y en caso de extrema desgracia había recomendado que se ocultara a sus hijos lo que sucedía. Lorenza tenía entonces doce años y era amada por sus dos hermanos, a los que ella amaba también. Como sucede casi siempre entre hermanos gemelos, los dos Simeuse se parecían tanto que durante mucho tiempo su madre los vestia con trajes de diferente color para no confundirlos. El que primero vió la luz, el mayor, se llamaba Pablo María, y el otro, María Pablo.

Lorenza de Cinq—Cygne, a quien le había sido confiado el secreto de lo que ocurriría, representaba muy bien su papel de mujer: suplicó a sus primos, los tranquilizó, los amparó hasta el momento en que el populacho rodeó el palacio de Cinq—Cygne. Los dos hermanos comprendieron al mismo tiempo el peligro que les amenazaba, y se comunicaron su pensamiento con la mirada. Su resolución fué súbita: armaron a sus dos criados, a los de la condesa de Cinq—Cygne; atrancaron la puerta, se parapetaron detrás de las ventanas,