Un interior realista bajo el consulado.
En el momento en que Marta, advertida de la inminencia del peligro, se deslizaba con la rapidez de una sombra por la zanja indicada por Michú, el salón del castillo de Cinq—Cygne ofrecía un aspecto apacible. Sus moradores se hallaban muy lejos de sospechar la tormenta que se cernía sobre ellos, y su tranquilidad hubiera excitado la piedad de cualquiera que hubiese conocido su situación. En la gran chimenea, adornada por un espejo en el que danzaban las figurillas de unos pastores estilo Luis XVI, ardía una hoguera de las que sólo se ven en los castillos situados cerca de un bosque. Junto a la chimenea, echada en un sillón Luis XVI, forrado de seda china verde, la joven condesa se hallaba en una actitud de anonadamiento. Había llegado a las seis de los confines de Brie, después de haber reconocido el campo delante de la tropa, a fin de que los cuatro gentileshombres escondidos llegaran sin contratiempo al lugar donde debían pasar la última etapa de su viaje a París. Había sorprendido a los Hauteserre cuando éstos terminaban de comer; hostigada por el hambre, se sentó a la mesa.
UN ASUNTO TENEBROSO, T. I.