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Página:Balzac - Un asunto tenebroso -Tomo I (1921).pdf/93

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y que fueron rodeadas de álamos, que en seis años crecieron prodigiosamente. Tenía la intención de rescatar algunas tierras y utilizar todas las construcciones del castillo para una segunda granja, que se proponía dirigir él mismo.

La vida había llegado a ser, desde hacía dos años, casi feliz en el castillo. Al amanecer, el señor de Hauteserre se hallaba ya en el campo vigilando a los obreros, pues empleaba bastante gente en todo tiempo; volvía a casa a la hora de almorzar, montaba después sobre su jaca de campesino, y daba una vuelta a las tierras lo mismo que un guarda; después, de regreso para acostarse, terminaba su jornada jugando una partida de boston. Todos los habitantes del castillo tenían sus ocupaciones, y la vida era dentro de él ordenada como en un monasterio. Sólo Lorenza conturbaba aquel reposo con sus súbitos viajes, sus ausencias, que la señora de Hauteserre llamaba las fugas de Lorenza. Sin embargo, existían en CinqCygne dos políticas y dos causas de disensión.

En primer lugar, Durieu y su mujer estaban celosos de Gothard y de Catalina porque tenían mayor intimidad que ellos con su joven ama, el ídolo de la casa. Además, los de Hauteserre, apoyados por la señorita de Goujet y por el cura, querían que sus hijos, lo mismo que los dos gemelos de Simeuse, regresaran y participasen de la dicha de esta vida apacible, en lugar de vivir penosamente en el extranjero. Lorenza condenaba esta odiosa transacción, y representaba el realismo puro, mi-