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la ciudad encantada de los césares

Componíase propiamente la espedícion de solo ocho hombres elejidos, segun el sabio consejo que, hacia un siglo, diera Diego de Rosales, a cargo de dos cadetes animosos. Emprendieron su marcha en los primeros dias de diciembre de 1777 (hará en breves dias otro siglo), i despues de atravesar un territorio poblado de densos bosques por el espacio de treinta i cuatro leguas, llegaron a la famosa laguna de Puyehue, donde el capitan Pinuer sostenia con su vida se hallaban refujiados los Césares de Osorno.

Los esploradores no encontraron, sin embargo, sino el majestuoso silencio de la naturaleza en sus mas salvajes soledades.

Pero resolvieron proseguir adelante su jornada.

Atravesaron, en consecuencia, en una canoa la solitaria laguna sembrada de pintorescas islas, hasta el número de siete, como las del lago de Villarica, que fueron el festivo paseo de sus felices moradores ántes de su espulsion i ruina; i en seguida, haciendo una travesía a pié, de siete leguas, llegaron a otra laguna que los prácticos nombraban Llavequehue, que es, aunque no lo parezca por el nombre, la de Llanquehue, hoi Rupanco.

Costearon siempre este lago avanzando hácia el sudeste por su costado de levante, durante tres