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LA NOCHE DEL DÍA FESTIVO


 Dulce y clara es la noche, el aire en calma,
Por cima de los techos y en los huertos
Brilla la luna, y á lo lejos muestra
Serenas las montañas. Dueño mío;
Callan las sendas ya, y por los balcones
De vez en vez la lámpara nocturna
Su sosegada claridad envía.
En brazos duermes tú de fácil sueño
En tu tranquila estancia; y no te labra
Cuidado alguno; ni ya ves ni piensas
Cuánta herida me abriste en medio al pecho.
Tú duermes: yo este cielo que aparece
Tan favorable, á saludar me asomo,
Y á la antigua natura omnipotente
Que me engendró al dolor. A tí, me dijo,
La esperanza te niego, aun la esperanza:
Sólo de llanto brillarán tus ojos.
Solemne fué este día: hora reposas
De los placeres, recordando acaso
En sueño, a cuántos hoy gustaste, y cuántos
Te agradaron á tí: yo más no espero
A tu mente tornar. En tanto indago
Lo que aun debo vivir, y aquí por tierra
Me arrojo, y grito, y tiemblo. ¡Horrendos días
En tan lozana edad! ¡Ay! por la calle
No lejos oigo el solitario canto