Página:Calixto Oyuela - Cantos de Leopardi.pdf/29

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 Ni aun presagiaba que mis verdes años
Fuera forzado á consumir en esta
Natal villa salvaje, en medio á gente
Áspera, vil; á la que extraños nombres
Y argumento de risa y de algazara
Son doctrina y saber; que me odia y huye,
No por envidia ya, que no me estima
Á ella mayor, mas porque tal supone
Que guardo en mí, si bien persona extraña
Jamás columbró de ella indicio alguno.
Aquí los años paso, oculto, aislado,
Sin vida, sin amor, y entre la turba
De los malvados, áspero me vuelvo.
Aquí virtudes y piedad me arranco,
Y desprecio á los hombres, por la recua
Que tengo en derredor: y en tanto vuela
El dulce tiempo juvenil; más dulce
Que el laurel y la fama; más que el puro
Fulgor del día, y su morir: te pierdo
Sin ningún goce, inútilmente, en este
Inhumano retiro, entre inquietudes,
¡Oh sola flor de la infecunda vida!

 Conduce el viento el són de la campana
De la torre del burgo. Él me infundía,
Aun lo recuerdo, ánimo en mis noches,
Cuando era niño, y en la oscura estancia
De tenaz miedo víctima velaba,
La aurora ansiando. Nada aquí contemplo
Sin que en ello una imagen reaparezca;
De do no surja un plácido recuerdo.
Plácido en sí; mas con dolor sucede
La idea del presente, un vano anhelo
Del tiempo que pasó, aunque ligado