Página:Calixto Oyuela - Cantos de Leopardi.pdf/32

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Sonríen las doncellas; á porfía
Todo alegre sonríe; aun no despierta,
O bien benigna aun, la envidia calla
É (¡inusitada maravilla!) el mundo
Casi le tiende auxiliadora mano,
Ríe sus yerros, su reciente entrada
En la vida celebra, y complaciente
Muestra aclamarle por señor y dueño?
¡Días fugaces! Como raudo lampo
Desparecieron. ¿De desdicha libre
Cuál mortal puede estar, si aquella hermosa
Estación ya le huyó, si su buen tiempo,
Si juventud ¡ah! juventud no existe?

 ¡Oh Nerina! ¿Y de tí no oigo á estos sitios
Ya por ventura hablar? ¿Caíste acaso
De mi memoria tú? ¿Dónde te has ido
Que sólo ¡encanto mío¡! tu recuerdo
Encuentro aquí? No más, no más te mira
Esta tierra natal: esa ventana
Donde solías conversarme, y donde
Triste el fulgor de las estrellas luce,
Yace desierta. ¿Dónde estás, que no oigo
Más tu voz resonar, como en un día
Cuando al llegar cada lejano acento
Del labio tuyo hasta mi oído, el rostro
Me demudaba? Ya no más. Tus días
Fueron, mi dulce amor. Pasaste. Á otros
El cruzar por la tierra hoy cabe en suerte,
Y habitar estas olorosas cumbres.
Pasaste; mas ¡cuán rápida! Tu vida
Cual sueño fué. Cuando, danzando, el júbilo
En tu frente brillaba, y en tus ojos
Brillaba aquel soñar, aquella lumbre