Página:Calixto Oyuela - Cantos de Leopardi.pdf/5

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 Y bien, esto es precisamente lo que me ha animado á emprender la traducción de los cantos de Leopardi. A falta de otras cualidades, el amor y la admiración sin límites que el estupendo y triste poeta italiano me inspira, quizá lograrán hacer mi versión menos defectuosa é indigna de su nombre de lo que de mi fuera dado esperar.

 Es Leopardi una de las naturalezas más estupendas y perfectas que hayan existido sobre la faz de la tierra. En él lo gigantesco de la inspiración se une en íntimo consorcio con el arte más acabado y perfecto. Su sobriedad, su limpidez, su flexibilidad, su gracia, su sencillez, su estilo escultural y marmóreo; sólo son comparables con la profundidad de su pensamiento y la hoguera intensísima y generosa de su alma. ¡Qué artista y qué poeta! ¡Qué filósofo y qué prosista!

 Su perfección es tal y tan grande que llega hasta perjudicar á su popularidad. En efecto, los que seducidos por la teoría engañosa, aunque tenga ejemplos aislados en su favor, de que el genio ha de unir forzosamente á sus grandezas la estravagancia y el delirio, quizá nieguen á Leopardi este dictado, pues en él todo es perfección, en cuanto cabe en lo humano. Pero tal doctrina es un simple desvarío infantil, hija de las exageraciones románticas y ya completamente desacreditada. No deja de ser curioso que se mida al genio por sus faltas y no por sus cualidades.

 He creído, pues, que traducir las obras de Leopardi con rarísimas excepciones, todavía virgen en castellano, era hacer un verdadero servicio á nuestra literatura. Mi designio es traducirlo todo, verso y prosa, pero antes de pasar adelante he querido oir la opinión de los entendidos sobre los diez cantos que llevo traducidos, en la esperanza de que las observaciones críticas