Página:Camana pedagogia social.djvu/198

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al mínimum posible los estados patológicos; de que la educación integral, basada en la coeducación sexual y social y en la transformación de la escuela antihumana actual en escuela-hogar, reducirá a un mínimum la lacra de la prostitución y salvará al niño al convertirlo en único ideal humano y en objetivo de toda iniciativa y de esta preocupación social y política; creemos que el individualismo, al desarrollar el sentimiento fecundo de la responsabilidad, hará triunfar la obediencia interna, creadora del ambiente de la disciplina externa: harmonía resultante del mayor esfuerzo personal. ¿Pero, la guerra, será siempre un mal necesario? Si entrevemos la probabilidad de imposibilitar no ya sólo su realización, sino hasta su concepción, ¿de qué medio valernos para encauzar humanamente el bárbaro instinto de conquista que hasta hoy arrastra a matar en la guerra a millares y millares de seres útiles y necesarios?

La política ha ensayado con escaso provecho medidas coercitivas: el Tribunal de la Paz, el desarme parcial o total, los tratados internacionales, el paro socialista universal. Pero los resultados de esas medidas artificiales tienen necesariamente que asemejarse a ellas. No modifican al factor de la guerra, al hombre. Y mientras lo animal no se humanice, la guerra subsistirá.

Ahondemos el problema. ¿Dónde y quiénes moldean al hombre?

La madre lo engendra, lo desarrolla y lo educa; la escuela prosigue la obra.