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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/100

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Ella le quiso, le deseó con todo el impetu de una naturaleza primitiva, recien despertada dijerase apesar del forzado ejercicio á que sometiera su cuerpo el infamante negocio.

II

Del burdel salió la pareja á hacer nido en un rincón del suburbio. Ella tenía sus ahorros, dolorosos ahorros obtenidos en el tráfico agostador.

Un día le habló tan tierna, tan suave, tan cariñosamente sobre su vida de soldado exigente y disoluta que le impedía dedicarle á ella todas sus horas como lo reclamaba, ardientemente, su sangre de amante joven, que él se sintió vencido y resuelto. Dejaría el servicio. ¿Para qué continuar en ese calvario lento y embrutecedor? Ya estaba cansado. Después de diez años de brega no tenía