perio. ¿Trabajar? ¿Pero en qué? Recien caía en la verdad. Él no sabía hacer nada, nunca había hecho nada, jamás podría hacer nada. Durante su existencia no había aprendido otra cosa que á manejar un sable: y eso era no haber hecho nada... Y hoy era necesario.
La vida empezó á hacerse dificil. De los ahorros aportados por ella al nido no quedaban ni recuerdos. Con la última dolencia de él, que se había hecho delicado, terminó la última moneda.
Aplacado el ardor la vida comenzó á hacerse monótona. La leona amorosa de ayer no tenía para el abrazo el mismo calor ni el mismo impetu. Él sintió el desvío pero la necesidad le hizo hacer buena cara. Siguió perdiendo en vergüenza y exijió de ella cosas que antes le hubieran repugnado. Hoy nó. Y ella cedió, entregándose de nuevo al comercio infame por espiritu de abnegación, por instinto de sacrificio. La reflección vino más tarde.