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IV
Hemos de separarnos le dijo ella un día en que él tuvo una exigencia desmedida. Tuvo en la frase triste é irreparable del rechazo la misma enerjía que otrora para pronunciar la que hubo de ligarlos tan fuerte como temporalmente.
Él la miró con ojos que expresaban algo más que disgusto.
—¿Irte de mi lado? ¡Vos! ¿Y después de todo esto?
Le pareció tan extraño el caso que contuvo la explosión de su cólera como quien no está seguro de lo que oye.
—Esta existencia no puede prolongarse así, continuó argumentando la mujer.
—Vos dirás que no pero yo no pienso lo mismo. ¡Vos sos mía y de nadie más!