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Ella sonrió tristemente como diciendo: tuya sí, mientras te quise. Hoy no....
—¡Si te vas te mato!
Y la amenaza cayó sobre ella envuelta en rayos de odio.
Ante la idea de la separación cruzó, veloz, por el cerebro del hombre, la idea homicida. Irse ella, abandonarlo así, significaba para él la muerte. Madre y amante que en mitad del camino le dejaba sin amor que es fuego, desamparado y triste como una cosa de la que ya no se necesita, ya no se quiere y se echa al arroyo, á la primera zanja que se encuentra.
V
—¡Si te vas te mato!
Ella no había creido en la terrible amenaza. Acostumbrada estaba al dolor y al castigo y el temor no fué nunca su consejero.