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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/106

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No amaba, no quería yá, aquel hombre había dejado de ser una necesidad para ella y por eso hoy no titubeaba. Con el mismo valor, con la misma entereza que ayer para obtener cariño, arrostraba el peligro para rechazar lo que no le exijía su naturaleza.

VI

Hoy no vuelvo le había dicho aquella mañana, la más triste de aquellas dos vidas.

Él guardó silencio mirándola como miraría un condenado á quien le leyera su sentencia de muerte.

Haciendo estaba sus preparativos últimos cuando él se acercó resuelto.

—¡Mirá, por última vez, quedáte!

Y fijó en ella sus ojos como dos carbones ardiendo en fuegos desconocidos.

Sin hacerle caso, como quien oye una