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queja inútil, la mujer respondió con una frase banal y compasiva.
Fué la chispa. Después estalló el incendió. Como tu tigre clavó sus garras en los brazos de la mujer que se estremeció toda entera sin poder hablar.
—¡Perra, tomá!
Y la puñalada honda, traidora y cruel, no tanto como el insulto, abrió el seno moreno, generoso y luciente. Y el arma cayó una, dos, tres veces....
—¡Mía y de nadie más!.....
Era la última puñalada. En ella él había puesto todo su amor....