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la mirada infame del rufián que murmuraba contra él.
Muchos buenos y malos días transcurrieron.
Él trabajaba para sostener la casa, pero de noche regresaba borracho.
Y los consejos y las súplicas de ella resultaban inútiles. Era bueno pero no la atendía. Y su naturaleza degeneraba por horas.
—¡Qué hacer!—decía ella cuando él iba muy borracho, como esa noche. Y se pasaba en vela rememorando el pasado.
II
Al día siguiente tenía formada su determinación. Mientras almorzaba se paró frente á él y le dijo muy seria: