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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/124

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—Si otra noche vuelves así yo me voy ¡te lo juro!

Era tan enérgico el tono, tan resuelto el ademán de ella, que él la miró asombrado.

—¿Te vas? ¿Te vas? ¿Y á donde? Iba á echarle en cara su proceder, pero se detuvo.

—Bueno, si no quieres, me dejas. ¡Volveré á la cloaca! Al fin y al cabo...

Fué como un tiro. No se le había ocurrido que pudiera suceder eso. ¿Volver allí, ella? ¿Y por qué no si había estado tanto tiempo?

Sin terminar de almorzar se fué al trabajo. Ella le esperó como siempre.

Llegó la noche y él no quiso salir.

Así una semana.

No había duda. Ella lo regeneraba.

III

Una tarde, la tarde de un día de fiesta, charlaban amablemente sobre la vida futura.