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¡ASI!
I
Cien veces había clamado en las reuniones de amigos contra el derecho de muerte que se abrogaban los hombres sobre las amantes infieles y traidoras. Cien veces había yo oído de sus labios la altisonante palabra de protesta gesticulada entre arrebatos un tanto líricos pero preñados de argumentos.
El derecho del hombre, decía, ejercitado