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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/128

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en detrimento de la libertad femenina, está solo en su fuerza de bruto. Ella, la fuerza, le ciega. Si razonara un instante, si fuera capaz de meditar un segundo en medio de los relámpagos de su cólera producida por su orgullo herido, por su vanidad ultrajada, desaparecerían para siempre los actos de violencia indignos, injustos, bárbaros y repugnantes con que se han manchado las generaciones que nos han precedido y se siguen manchando las presentes.

Y por ese tenor, amontonando ejemplos probatorios, llegaba á afirmar, incontestablemente, la falta de equidad en las relaciones de los sexos, relaciones en las cuales el hombre llevaba siempre la mejor parte, puesto que él era, al fin y al cabo, ayer como hoy, el dueño y señor, el amo en la casa, el dominador en todas partes.

La cuestión económica era, naturalmente, para él, la que obstaculizaba aun la independencia verdadera de la mujer, constituyendo el principal lazo, la mas fuerte ligadura esclavizadora. Sin independencia económica no sería posible nunca obtener la verdadera libertad de los sexos recla-