Ir al contenido

Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/132

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
—128—

El le tapó la boca, como queriendo evitar la confesión completa que lo heria en lo más hondo.

La cabeza triste de la mujer se dobló sobre la mano del hombre.

—Si quieres, prosiguió ella, seremos siempre amigos. ¿Por que no?...

—¿Por que no? repitió el hombre maquinalmente. Y se abismó en su pena.

Después, en nombre de aquel amor embargante, pidió, casi exigiendo, que no le abandonara así, tan de improviso, tan repentinamente. Él sufría, ella lo sabía, lo veía; debía hacerlo, no por obligación, sí por cariño.

Ella formuló una promesa, un débil consuelo en frase breve. Esperaría.

Como un rayo estalló de pronto en él algo parecido á la cólera. Apesar de aquella franca declaración se consideró engañado y los celos terribles estallaron, tan terribles y grandes como el mismo afecto que le embarazaba.

Tuvo entonces exigencias que ella resistió, exponiendo las mismas ideas que el propagaba. La mujer las aprovechaba todas en favor de su resolución. Su voluntad era esa hoy