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el sofá del comedor alegre, impregnado de aire tibio.
—¡Así! ¡Así! ¡Después yo! ¡No tengo razón! ¡Ya sé! No tengo razón pero te mato! ¡No importa! ¡No tengo razón, no tengo razón! ¡Ya sé! ¡No importa! ¡Asi! ¡Así! ¡Después yo!...