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CADENAS
I
Era ella fuerte y altiva. Y nadie, hasta entonces, habíale hecho abdicar de su fiereza. ¿Como iba á explicarse, pues, el dominio ejercido sobre este ser superior por aquel vulgar hombre, aquel rudo capitán de barco, vicioso, disoluto, cruel siempre que se hallaba bajo la acción del veneno, humilde y lamentablemente bajo cuando la depresión física le invadía? De alta y fornida figura, era el ma-