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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/139

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resistir. E insistía invariablemente. Llegó á suplicar: «¡Por tí! ¡Por mí!»

—Moriremos juntos. Prométemelo, argüía el marino.

Vivaz, ardiente, febricitantemente. ¡cuando quieras! contestábale Laura, entreviendo el descanso. Pero no se atrevía, ¡El muy cobarde!

Al fin, la mujer triunfaba en ella y el perdón, compasivo y noble, aparecía en sus labios, que un gesto de dolor contraía amargamente.

Pero la escena, uniforme y feroz, se repetía al poco tiempo. La acción del veneno era la misma bajo todas las latitudes. Y la altivez y la fuerza de Laura volvían á rodar por la alcoba, cuyos tapices manchaban los vómitos del ebrio. ¡Oh, noches de amor y vino en que él, rabioso, mordía sus carnes, las carnes palpitantes de sus senos frescos, como frutas maduras que calmaran los ardores de un sediento! ¡Oh, noches de placer y dolor en que él rugía y ella, sollozante, tragábase sus lágrimas de vergüenza, mientras continuaba escuchando, como una obsesión ya, las fra-