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morías, no hubieras partido solo. Pero tu cobardía nos separa. Si tú hubieras dado el golpe, á estas horas... En fin, tu te salvas y yo parto. «¡Good bye!»
Por primera vez ella le hablaba á Carlos en su idioma. ¡Y con qué palabras!
—«¡Good bye!»—repitió el marino como un autómata, en un tono que parecía decir: «sobre el mundo mi barco no volverá á encontrar tus huellas».
Y aquel «¡good bye!» repetido en aquel instante, tornábase aún más trágico que la puñalada de Laura y el gemido de Carlos en la noche infausta, porque era la síntesis final de un poema triste, del poema triste de aquellos dos seres hechos de pasión y dolor.