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no tendida. Si tenéis dáis, para poder continuar, libre de obstáculos dolorosos, vuestro camino. ¡Fuera interrupciones! Estáis de prisa, la vida es corta y apenas si hay tiempo para ocuparos en los asuntos más personales.
El buen muchacho no tenia amor; no podía darlo, pues. Y, como estaba de prisa, siguió su marcha ante la vagabunda que desde entonces tuvo un poco más de sombra en los ojos, más palidez en los labios y allá, en el fondo de su ser intimo, un montón más de amargura.
II
La ví al comenzar esta primavera. Seguía vendiendo sus gracias pero no á él. ¡A él nunca! díjome un día. A no ser que... ¡Oh, que rayo de esperanza vi iluminar su rostro! ¡Cómo miró en la noche creyendo penetrar en las obscuridades de su suerte! No es