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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/15

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Venía pues á pedir órdenes. Él estaba prevenido, teniendo la consigna de dar cuenta de cualquier novedad en la tienda del capitán donde permanecería el oficial de guardia mientras durara la fiesta.

El oficial, un teniente, oyó de boca del sargento la relación de la hazaña, una casualidad por otra parte puesto que los españoles, malos ginetes, no podían realizar estos hechos sino cuando, como en la ocasión presente, el indio iba desmontado dejando de ser centauro.

Aunque el oficial no diera mayor importancia á la noticia se le ocurrió transmitirla al capitán, jefe en esos momentos del destacamento español. Quizá cruzó por su imaginación enardecida la idea de agregar con ella un detalle, un complemento cómico ó trágico, era igual, á la orgia en su cenit... Si la carne de la india era el plato brindado á la sensualidad extrangera ¿porque la sangre del indio no habría de servirle de condimento?

Y habló al capitán.