Esta página no ha sido corregida
—159—
ternura despojando de sus podres á aquel ángel de estercolero.
-¡Dame el jabón!
-¡Levántale ese brazo!
-¡Restrega esa pierna!
—¡Mira ese ombligo!...
-Ahora la cabeza.
-Abre el bitoque. Otra vez. Agua.... agua... agua... más agua... más...
-¿Tienes un cepillo en tu cuarto?
-Espera....
En tanto el joven mendigo, allí, en medio del baño, permanecia ciego, mudo, impasible, como extático, diríase sin movimientos, agotadas las fuerzas en los resortes de su organismo, tal un muñeco en una fiesta de muchachos locos...
-Toma y refriega fuerte.
-¿Sabes una cosa?
-Dí.
-Para esto no basta el agua... ¡Pobre cabeza!
Los dos amigos se miraron expresivamente.
Y Juan salió de nuevo y con más premura en busca de la botella del kerosene...